Hace frío. Mucho frío y no solo se arregla con ponernos mil capas de ropa, guantes, orejeras, gorros y bufandas. El frío extremo también produce alteraciones en la piel. Es tiempo de mejillas rojas, la frente descamada, la piel reseca, los labios agrietados, la nariz irritada, las manos como lijas, los brazos y las piernas que pican constantemente… Todos estos problemas se producen por un cambio en el flujo sanguíneo y en los componentes de la piel.
LOS RESPONSABLES
Efectivamente, el principal responsable de estas alteraciones son las bajas temperaturas y el viento frío. Pero las calefacciones tampoco ayudan en absoluto. Ni esas duchas por encima de los 38 grados que tanto apetecen con el frío. Las consecuencias de todo ello son claras:
● Sequedad. Pérdida de elasticidad, mayor descamación e incluso fisuras o grietas.
● Rojeces y cuperosis. Son un reflejo de las alteraciones de los vasos sanguíneos cutáneos. A algunas personas les aparecen manchas rojas faciales o incluso unas de color violáceo en forma de red.
● Labios agrietados. Es una zona especialmente sensible porque la piel es hasta siete veces más fina que la del resto de la cara. Así que su capacidad de reacción ante el frío es menor. Además, la saliva con la que están permanentemente en contacto, juega en su contra.
● Piel parcheada y con un halo grisáceo. El frío también reduce la capacidad de la piel de renovarse por su proceso natural. El resultado es que las células muertas se acumulan en la superficie y a veces se crean pequeñas escamas.
LAS MEJORES SOLUCIONES
● Hidratación ante todo. Ha llegado el momento de pasarse a las cremas ricas, ricas, ricas con texturas más untuosas y emolientes No te olvides de llevarla contigo a todas partes, para aplicártelas todas las veces que sean necesarias.
● Aumenta la exfoliación a dos veces por semana. Si tienes la piel muy irritada, pásate a los peelings enzimáticos, que son bastante menos agresivos.
● Sella tus labios. Con un bálsamo protector de alta densidad que incluya entre sus ingredientes agentes calmantes.
● Aliméntate en condiciones, bebe más agua y a menudo. Un cuerpo sano y bien hidratado regula mucho mejor su temperatura que uno que esté falto de líquidos.
● Haz ejercicio. La actividad es la vía más rápida para entrar en calor. En modo “hibernación en sofá” lo único que consigues es que se pierda el calor y se entumezcan los músculos.
● Protector solar obligatorio. La radiación ultravioleta sigue siendo perjudicial a pesar de que sea menor.
Y ahora únicamente tienes que buscar una ropa de abrigo bien bonita y aprovechar los placeres de este otoño.






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